Arriba a la derecha Nico hoy Abajo Nico de bebé

Muchas veces habrán leído que menciono que estoy orgullosa de mis hijos u otras también que los considero unos luchadores, y es así realmente, a pesar de sus cortas edades, y cada cual en lo suyo, ambos han debido pasar por ciertas pruebas que la vida les puso en sus caminos.
Siempre digo que Nahuel fue nuestra lucha y Nico nuestra recompensa, un regalo de Dios.
Hoy le toca a Nico, a fines de noviembre de 2004 tuve una falta, que después de un pipitest, me confirmó que era la llegada de un nuevo hijo, era nuestro regalo, no lo habíamos buscado pero era mas que bienvenido, encima los cálculos no daban, el obstetra dijo una ovulación fuera de fecha, suele suceder. Realmente tuve al comienzo un buen embarazo, pero el 14 de febrero de 2005 comencé con náuseas y vómitos, los que me acompañaron hasta el 21 de julio, día en que nació Nicolás. Ojalá eso hubiese sido todo, cuando llevaba aproximadamente 4 meses y medio de embarazo, en un ecodoppler, estudio que mi obstetra realiza de rutina, nos enteramos que nuestro bebé tenía un problema, mas precisamente un aneurisma en una vena de su cabecita, llamada vena de Galeno, ese día sentí que el mundo caía encima mío, porque Dios me lo había enviado si su idea era sacármelo, arrancarlo de mis brazos?.
Hicimos consultas con tres reconocidos neurólogos, el primero me prohibió todo, hasta alzar a mi otro hijo en brazos, como le explicás a un bebé de tres años que mamá no le puede hacer upa si se cae o simplemente para dormirlo?; y me dijo que eso era como una bomba de tiempo, que se podía reventar en cualquier momento y la vena era tan profunda que era imposible salvarlo. Ese fue el día que me di cuenta cuanto dolor me causaría perder a uno de mis hijos, me di cuenta que la vida sin ellos no tendría significado, que de esa pérdida uno nunca se recupera. El segundo y tercer médico coincidieron entre ellos, el caso de Nicolás se ve en un 1 de 15.000 chicos y justo a mí me tuvo que tocar; me dieron la tranquilidad de saber que nada podía pasarle mientras estuviese en mi vientre, que podía hacer vida normal, que alzar en upa a Nahuel nunca podría dañar a mi otro bebé. Se programó la cesárea para el 21 de julio, con 38 semanas de gestación, el bebé no podía hacer esfuerzos, por lo tanto a olvidarse de un parto natural. Desde marzo a julio conocí lo que era el infierno, y eso que lo peor no había llegado. Cuando nació estuvo una semana en neo para hacerle estudios y controlarlo, gracias a Dios, Nico siempre fue asintomático, nunca tuvo ninguna complicación y se desarrolló normalmente, pero es muy triste irte a casa y tener que dejarlo, te vas del sanatorio, con las manos llenas, pero están realmente vacías.
En marzo de 2006 le realizaron la 1er. intervención para saber que tipo de anuerisma era, cada anestesia que mi chiquito pasó fue un nuevo reencuentro con el miedo y la desesperación. En Septiembre de 2006 lo operaron definitivamente por vía endovascular, eran 5 médicos operando a un bebé de 13 meses, 5 médicos viendo 1 caso que se da cada 15.000 nenes y justo al mío le tuvo que tocar. Estos últimos tiempos le hemos realizado resonancias magnéticas que han dado mas que bien, excelentes, el cirujano dice que la operación fue todo un éxito.
Nicolás es un nene normal, pícaro, es un terremoto, pero también es super dulce, muy cariñoso y agradecido, permanentemente está agradeciendo, cuando le comprás algo, lo abrazás o simplemente le cantás una canción, creo que mi hijo es un gran luchador, un sobreviviente y un agradecido a la vida.
Yo también agradezco a Dios tenerlo conmigo, poder verlo crecer sano y bien.
Los únicos recuerdos que tengo de su enfermedad son una bolsa llena de estudios, visita con el neurocirujano cada 6 meses, que llore cuando le acerco la máscara del nebulizador y la cicatriz de mi cesárea.
El resto todo normal.